El Hotel Existencia es ese lugar donde protegerse cuando la vida se nos pone en contra, el refugio último de los desencantados o de los que no pierden nunca la esperanza....... Brooklyn Follies (Paul Auster).
A veces hay días en los que al salir de casa, sobre la cama quisiera abandonar mi coraza. Y a pecho desnudo pasear por las calles, mostrándole al mundo mi Ser sin mordaza, sin careta de goma que me impida acaso regalar mi risa, compartir el llanto, y vivir la vida igual que un payaso que reparte alegría, que vuela alto, que no teme al dolor ni le asusta el fracaso.
A la memoria de Alfonso Aragón (Fofó), que hoy hace 32 años dejó a Susanita, a su ratón, a don Pepito, a don José y a miles y miles de niños como yo, un poquito huérfanos.
... hola mamá... sí, todos bien... ¿y vosotros qué tal?... ¡muy bien!, me alegro... y el tiempo, ¿como está?... ¡vaya! pues ya sabéis,... ¡eso es, ¡vale!, de vuestra parte..... sí, sí, adiós... muy bien, mañana hablamos, un beso, adiós.
. Al colgar el teléfono me queda la sensación de que se han invertido los papeles. Que el mundo ha dado un giro convirtiéndome a mí en el padre protector y preocupado, y a mis padres en esos hijos que por primera vez duermen fuera de casa. No es una sensación nueva, no, es mas bien un déjà vu, una especie de bucle que se lleva repitiendo desde el día en que tomé consciencia de que ellos se habían hecho mayores, y por ende, yo también. .
La vida no te avisa cuando dejas atrás una etapa y pasas a la siguiente. No te manda un telegrama para decirte que se acabó tu niñez, que ya eres adolescente o que te prepares para la vejez. Eres tú mismo, y únicamente tú, quien primero intuye, luego observa, después duda y finalmente acepta que la vida (tu vida) ha cambiado. Y es en ese momento, en ese instante de consciencia, cuando decides que ya eres adolescente, porque dejaron de gustarte tus juguetes y ahora prefieres los amigos; o que ya eres adulto, porque asumes responsabilidades además de exigir derechos; o que ya eres padre, porque disfrutas de tus hijos en la risa y en el llanto; o que ya eres mayor, porque tus padres también lo son.
Mañana, más o menos a la misma hora, sonará el teléfono
... hola mamá... sí, todos bien... ¿y vosotros qué tal?.....
Había apagado el motor, pero dejé la llave en el contacto para mantener la radio encendida. Tiré del freno de mano, me recosté en el asiento, y me dispuse, como había hecho en tantas otras ocasiones, a terminar de escuchar la canción, porque la belleza pierde su esencia si no es observada en su totalidad; porque las partes, por bellas que sean, no alcanzan el súmmum hasta que no se unen formando el todo.
Las notas fluían a través de mis oídos mientras jugaban al corre que te pillo con los recuerdos. Mis labios, deseosos de danzar al compás de la letra, y mis ojos, queriendo dejarse llevar, abandonarse, hundirse en la oscuridad de la memoria, tuvieron que resignarse a quedar inmóviles, casi ingrávidos cuando ella pasó por delante.
Belleza, ni poca ni mucha, pensé; cuerpo de guitarra, intuí; joven a rabiar, pelo negro al viento, gracia al caminar y modestia al vestir, observé. Pasó deslizándose, casi levitando, como si una cinta transportadora la llevase hacia su destino, y vi sus ojos, y me di cuenta, y lo supe.
Llevaba los párpados muy abiertos, como muñeca de infancia, obligando a sus ojos a mirar sin ver mientras, su mano libre, la que no sujeta el bolso, dibujaba figuras en el aire siguiendo el ritmo de su cabeza, que ahora niega, y ahora afirma, mientras sus labios conversan con ella misma, o con su otro yo, o quién sabe con quién.
Demasiado joven - me dije- para caminar hablando sola, como si eso fuese algo exclusivo de viejos, efecto secundario de una senil existencia en la que uno ya no es dueño de su propia voluntad.
Demasiado joven - afirmé- para haber renunciado a insinuar su piel, su tersa frescura, sus curvas de mujer, ocultándolo todo bajo tristes tejidos de tristes colores.
Demasiado joven - asentí-, y sin embargo lo vi en sus ojos, y me di cuenta, y lo supe.
Dicen que existen almas gemelas, pares iguales que cuando se encuentran se tornan en uno formando el todo, alcanzando el súmmum. Dicen que solo mirarse a los ojos es suficiente para verlo, para darse cuenta, para saberlo. Dicen que es afortunado quien consigue hallar su par..., y nuestros ojos se encontraron, y ella lo vio, y yo lo vi, y ella se dio cuenta, y yo también, y ella, al saberlo, sonrió... y yo, lo supe al oír su voz decir..... mi nombre es SOLEDAD.
De fondo, el estribillo de la canción se repetía una y otra vez en la radio del coche.
Antes que este, empecé otros blogs. Ninguno de ellos albergó nunca más de diez o doce artículos hasta convertirse en mero código binario, conjunto de unos y ceros orbitando por la blogosfera como un satélite inservible lo hace alrededor de la Tierra. Cuando abandoné la última en su naufragio virtual, me hice la promesa de no volver a dar luz (ni sombra) a una nueva bitácora, por mucho que "perdiese el norte". Pero está claro que ciertas promesas, al igual que el amor (o al menos ciertos amores), son eternas mientras duran.
El caso es que hace unos días, el azar (siempre el azar) me hizo llegar una reflexión en forma de frase novelada de afamado escritor.
Lo que no se escribe, se olvida.
La rotunda obviedad de esta sencilla frase me hizo caer en la cuenta de que ciertamente, si tuviese que sentarme a escribir sobre mis recuerdos, las tres primeras décadas de mi vida quedarían reducidas a un puñado de anécdotas de esas que nunca se olvidan. Y poco más.
Quizá Seguramente por ello he comenzado este nuevo (y definitivo) blog. Porque para mí servirá como baúl de los recuerdos. Para mi descendencia como cajón de la memoria. Y quién sabe si para alguien, como el eco, del eco, del eco de un(mi) sentimiento... .