Antes que este, empecé otros blogs. Ninguno de ellos albergó nunca más de diez o doce artículos hasta convertirse en mero código binario, conjunto de unos y ceros orbitando por la blogosfera como un satélite inservible lo hace alrededor de la Tierra. Cuando abandoné la última en su naufragio virtual, me hice la promesa de no volver a dar luz (ni sombra) a una nueva bitácora, por mucho que "perdiese el norte". Pero está claro que ciertas promesas, al igual que el amor (o al menos ciertos amores), son eternas mientras duran.
El caso es que hace unos días, el azar (siempre el azar) me hizo llegar una reflexión en forma de frase novelada de afamado escritor.
Lo que no se escribe, se olvida.
La rotunda obviedad de esta sencilla frase me hizo caer en la cuenta de que ciertamente, si tuviese que sentarme a escribir sobre mis recuerdos, las tres primeras décadas de mi vida quedarían reducidas a un puñado de anécdotas de esas que nunca se olvidan. Y poco más.
Quizá Seguramente por ello he comenzado este nuevo (y definitivo) blog. Porque para mí servirá como baúl de los recuerdos. Para mi descendencia como cajón de la memoria. Y quién sabe si para alguien, como el eco, del eco, del eco de un(mi) sentimiento...
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Es cierto, lo que no se escribe se olvida.
La cuestion del blog o bitácora, es compartir esos pensamientos, porque escribir siempre podemos hacerlo en hojas de papel sueltas, con el boli bic de toda la vida y guardarlas sin más, para volver a leerlas y recordar.
Aunque a veces no viene mal olvidar.
Hola....
Es una gran verdad, cuando repaso lo escrito hace años..., además de reirme de cosas que decía, sirve para recordar aquellos tiempos...
Hasta otra...