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La Coctelera

El Hotel Existencia

El Hotel Existencia es ese lugar donde protegerse cuando la vida se nos pone en contra, el refugio último de los desencantados o de los que no pierden nunca la esperanza....... Brooklyn Follies (Paul Auster).

25 Mayo 2008

A veces... te doy un ¡te quiero!

A veces me da por pensar que desde que nacemos, cada uno tiene asignada de antemano una cantidad limitada de -¡te quiero!-, un número finito de ocasiones con las que poder obsequiar a un ser amado.

A veces imagino que en un rincón escondido de nuestro interior, allí donde la Ciencia todavía no consiguió llegar, existe un pequeño sitio donde se amontonan todos esos -¡te quiero!-, inquietos y deseosos de ser elegidos para así, subiéndose a lomos del viento que soplan los pulmones, convertirse en sonido tras vibrar entre cuerdas, atravesar el universo que forma la boca, y saltar al vacío para volar hasta un oído al que regalarse.

A veces tengo la impresión de que consumimos casi todos los -¡te quiero!- en el primer tercio de vida, porque ningún niño escatima un te quiero mamá, te quiero papá, y a los abuelos, y a la muñeca, a la Navidad... Y de jóvenes todos cantamos -¡te quiero!- al alba, al anochecer, te quiero más que a mi vida y hasta el fin te querré... Porque hay un -¡te quiero!- de veraneo, de solo una noche, de dos o de tres, algunos muy falsos, otros muy bellos, los hay por despecho, o por interés... Y porque hay ocasiones en las que llega el SÍ QUIERO, porque quiero quererte tanto como te quiero...

A veces me paro a observar, que con el paso del tiempo nos hacemos tacaños a la hora de dar un -¡te quiero!-, un amor mío, un te deseo... Quizá sea por ahorrar los pocos que puedan quedar, pensando en el día que hagan falta de verdad. O quizá sea porque ese sitio, donde la Ciencia todavía no consiguió llegar, esté ya vacío, y no queden más.

A veces me da por soñar, que en una maceta planto un -¡te quiero!-, y que en primavera florecerá.

servido por faqui 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

annaluz

annaluz dijo

ME gusto mucho tu reflexion, me llamo la atención esto que dices: con el paso del tiempo nos hacemos tacaños a la hora de dar un -¡te quiero!-, porque lo hacemos? los te quiero no tienen fecha de caducudad, o los reservamos para personas "especiales" y estas nunca llegan y si llegan no lo escuchan? Esto me hace recordar a una pelicula que se llama "Nunca te vayas sin decir te quiero", no hay que permitir sin sacar todos los - te quiero - que tenemos empolvados en lo más profundo de nuestro ser.

25 Mayo 2008 | 11:58 PM

mi silencio a los cuatro vientos

mi silencio a los cuatro vientos dijo

Ese rincón escondido en nuestro interior, donde se almacenan los te quiero, nunca quedará vacío. Lo que ocurre es que no siempre se tiene delante a la persona que puede hacerlos brotar de tus labios con una sola mirada... incluso en ocasiones, puede ser que ese sentimiento no sea real o se haya acabado, y esos te quieros se queden dormidos en su escondite esperando a ser despertados para volar hasta su destinatario.

26 Mayo 2008 | 02:20 PM

lucia3

lucia3 dijo

Tienes razón, según crecemos y nos hacemos mayores, nos cuesta más pronunciar esas dos palabras maravillosas, que nos dan fuerzas para el camino de la vida.
Yo lo digo y me lo dicen, casi todos los días. Soy afortunada.
Un abrazo.

26 Mayo 2008 | 03:31 PM

faqui

faqui dijo

Gracias por vuestros reflexivos comentarios...

Veo que no os creéis demasiado que los -¡te quiero!- se puedan acabar, pero yo por si acaso he puesto en marcha un invernadero ;D

Abrazos.

27 Mayo 2008 | 08:46 AM

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