Salí de casa como hacía a diario para comprar el pan. Al entrar en la panadería eché de menos el habitual sonido de campanilla que anunciaba la visita de un nuevo cliente, aunque en su lugar pude apreciar la suave melodía de un hilo musical. Tras el mostrador, sustituyendo al tendero de siempre, un joven de pelo engominado, traje-chaqueta y corbata, entonó un melódico ¿puedo ayudarle en algo, señor?, y yo, en evidente estado de confusión, no pude más que excusarme con un ¡perdón, me he equivocado! a la vez que giraba sobre mis talones. Al salir de nuevo a la calle levanté la vista hacia el luminoso rótulo que lucía sobre la puerta, y mi asombro fue mayúsculo al observar que allí donde hasta ayer estuvo el negocio de mi panadero de toda la vida, ahora estaba uno de esos Grandes Almacenes donde suele llegar la primavera antes que en ningún otro sitio.

Debido a la impresión decidí ir dos calles más arriba para tomar un café en el bar de siempre, pero no hice más que doblar la esquina cuando me encontré frente a un colosal edificio en forma de Gran Centro de Ocio que ocupaba toda la manzana. Aquel monstruo se había engullido la cafetería, la librería y la pequeña tienda de ultramarinos, amén de las viviendas que estaban por encima de dichos comercios, y en su enorme fachada un luminoso neón te invitaba a entrar al paraíso del hedonismo.

El pánico inundó mis venas. Sin mirar atrás eché a correr hacia mi casa con la intención de meterme en la cama, pensando que quizás de esa manera, al despertarme todo se habría desvanecido como en un mal sueño. Corrí con todas mis fuerzas hasta que, llegando por fin a mi barrio, una valla metálica y un tipo con un casco amarillo en la cabeza me pararon en seco.

- ¡Alto! No se puede pasar- me dijo con gesto serio.

- Pero... ¡pero yo vivo ahí!- le respondí con un grito ahogado y desesperado a partes iguales.

- Pues lo siento, pero no se puede pasar. Estamos construyendo un Gran Centro Comercial - sentenció el fulano, mientras una grúa golpeaba con una enorme bola de hierro en la fachada de mi casa.