De un tiempo a esta parte, tengo la sensación de estar jugando una eterna partida de ajedrez conmigo mismo en la que, haga lo que haga, siempre me encuentro en situación de jaque.

Si lanzo mis peones a la ofensiva, estos realizan una deserción en masa y se ponen en mi contra. Mis viejos y leales alfiles me dicen que ya no están para mucho juego, que el cronómetro no perdona. Y mis caballos aprovechan la menor ocasión para practicar el noble arte del escaqueo. Por fortuna, aún me queda el sustento de mis dos hermosas torres, atalayas majestuosas que me hacen sentir como un verdadero rey...

... ¿como dices?... ¿la reina?... Bueno, me da la impresión de que la reina está un poco mosqueada, porque piensa que mi mayor obsesión es comerme a toda costa a la reina contraria...

... pero lo que no sabe es que mi verdadera intención pasa por abdicar, y fugarme con una bellísima ficha de damas.