Me gusta encadenar unas palabras con otras. No me refiero a como lo hace un escritor - eso sería muy pretencioso por mi parte -, sino más bien a como lo haría un casamentero, un asesor de parejas que busca propiciar uniones compatibles entre sí.
Disfruto colocando una palabra al lado de otra y escondiéndome para observar el resultado. Es maravilloso ver como hay ocasiones en las que se inicia un curioso ritual de coqueteo entre ambas, un delineado baile de grafías que suele acabar en juramento de amor eterno sellado con tinta indeleble. Aunque por el contrario, también hay otros momentos en los que resulta no menos fascinante ver como al juntarlas, enseguida la una pretende poner los puntos sobre las íes a la otra y acaban tirándose los trazos a la cabeza, viéndome obligado a separarlas de inmediato.
Pero lo que realmente me llena es cuando todas y cada una de las palabras se hallan al lado de su correspondiente amada. Y yo me siento como un Juez de Paz que va dándoles casamiento a medida que las voy leyendo. Y al terminar de leer (como en casi todas las bodas) se me escapa una lagrimita, porque sé que en ese texto que fue poco a poco creciendo, encadenando palabra tras palabra, va un pedacito de mi alma.

Bonito juego de palabras que te ha quedado redondo.
Es cierto, a veces las palabras que emparejas parecen estar enfadadas entre sí y no querer juntarse, pero en otras ocasiones surge amor a primera vista y el escrito avanza sin problemas.
Me ha gustado tu post.
Un abrazo.
Encadenador de palabras...o más bien...¿encantador?
el caso es que las tienes bien atadas, y sin embargo ... a la vez, libres.
Me gustaría ser una domadora de palabras. O casamentera, como bien dices.
uhhh, ya se que lo intento, pero eso no basta.
Supongo que debería tener más constancia, ser más hacendosa, procurar hacerlo mejor.
tal vez...tal vez...
;)
Paso otra vez para agradecerte el enlace del corto de I.Coixet que me dejaste en mi casa. Me ha gustado mucho.
Seres de carne y hueso a los que nos negamos a ver, haciéndoles invisibles.
Triste realidad.
Un abrazo.